José Antonio Brioso, médico: “La lluvia ha sido una oportunidad para demostrarnos que juntos podemos superar cualquier adversidad”

Día segundo:

Comenzamos nuestro camino en Lourenzá. Con la oración inicial nos ponemos en marcha con una fina lluvia que acompaña el alba. Tras dudar unos instantes de si habíamos elegido la ruta adecuada, enseguida nos incorporamos al camino establecido en medio de los bosques que nos hablan con su susurro matutino.

Bien pronto la fina lluvia se convierte en diluvio, pero a pesar de ello, continuamos con ánimo hasta Mondoñedo, sede episcopal y antigua capital de provincia gallega. Por desgracia no pudimos entrar en su imponente catedral, pero más allá de desilusionarnos, continuamos nuestro andar bosque arriba.

La lluvia arrecia, y aunque en un primer momento pudimos pensar que el Señor no nos escuchaba nuestra súplica para que parara, la Providencia siempre está de nuestro lado. En efecto, al salir de Mondoñedo escogimos al azar el camino complementario, que, a pesar de ser más largo, estaba bien asfaltado y pudimos así evitar el barro.

“El Señor nos envía muchas bendiciones con la lluvia”, nos dijo el papa Benedicto XVI en aquella inolvidable vigilia en Cuatro Vientos, en la JMJ de 2011 en Madrid. “Y hasta en esto sois un ejemplo”, añadió tras comprobar el comportamiento de los jóvenes allí reunidos cuando una fuerte tormenta nos sorprendió en nuestra plegaria. Nos vienen a la memoria estas palabras de nuestra experiencia hoy vivida. La lluvia ha sido una oportunidad para demostrarnos a nosotros mismos que juntos podemos superar cualquier adversidad que se presente en nuestro camino y que los elementos no podrán nunca doblegar nuestra tenacidad ni someter nuestros espíritus.

Finalmente, conseguimos llegar a Abadín, donde comimos, nos duchamos y pudimos descansar un ratito.

Cerca ya del atardecer, acudimos a la iglesia de esta acogedora localidad para celebrar la eucaristía, centro de la vida cristiana y alimento eterno para nuestras almas, en compañía de una comunidad religiosa del lugar, las hermanas Izaskun y Rosa de la congregación de la Sagrada Familia de Burdeos, que nos acogieron cálidamente en su iglesia.

Cerca ya del ocaso, y confortados con el evangelio del día, en el que Cristo nos demuestra que tiene poder para sacar los demonios que corroen nuestros espíritus, volvimos al albergue para reponer fuerzas con un sueño reparador que nos permitirá proseguir con nuestro camino hasta Santiago. ¡Ultreia!

Continuará.

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