Remembranza del Camino

Siete días parece que “no es nada”, pero si en un arrebato de entusiasmo matemático abres la calculadora de tu móvil, te darás cuenta de que son unas 168 horas. ¿Sigue pareciendo poco tiempo? Pues bien, ¿cuántas veces has pasados 168 horas seguidas con alguien? No muchas veces, ¿verdad? No solemos tener tanto tiempo todos los días…

Pero durante esta peregrinación hemos tenido tiempo para todo… Será por eso de que “a quien madruga, Dios le ayuda”. Y la verdad es que Dios sí que nos ha echado una mano a la hora de caminar, pues nos ha puesto en el camino gente maravillosa, de todas partes de España y del resto de Europa, que desde los comienzos han resultado ser estupendos compañeros de viaje.

Al finalizar la primera etapa, fue “llegar y besar el santo”, pues en el pequeño albergue en el que nos hospedamos, encontramos un matrimonio mayor que nosotros en edad, pero igual de jóvenes en espíritu, con quienes rápidamente crearíamos fuertes lazos. Allí también conocimos a un grupo de unas chicas venidas de Murcia, sumamente simpáticas.

En Palas de Rei conocimos a tres leonesas políglotas que nos presentaron a un amigo italiano, y en el Monte del Gozo conocimos a Gloria, una pianista recién llegada de Gran Canaria. Todo este conglomerado de nuevas amistades han marcado nuestro caminar con grandes momentos.

Durante estos días, en consecuencia, hemos ido dejando nuestras huellas en el camino; pero éstas, más pronto que tarde, se borrarán bajo las nuevas huellas de los peregrinos que vendrán. Sin embargo, la huella que realmente importa no es la marca en el camino, sino la que el Camino deja en nosotros, con esos tramos que nos han hecho caer; con los nuevos amigos que se han hecho un bien merecido hueco en nuestro corazón; y con la gratificación que supone estar cara a cara con el Apóstol Santiago.

En conclusión, siete días parece que es poco, pero hemos tenido tiempo para el silencio y para roncar, para hacernos heridas y ampollas; para disfrutar de la gastronomía, la oración, la Eucaristía y la reflexión; para hacer nuevos amigos, para conocernos entre nosotros mejor… Tantas experiencias vividas, como kilómetros andados. Y es que en siete días se puede llegar muy lejos…

 

_Nuestro_ camino de Santiago

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