Las ampollas son horribles

Después de un feliz y “tranquilo” descanso, a pesar de algún ronquido y de ciertas risas que se oían de vez en cuando, en un buen albergue de Portomarín, emprendíamos la larga etapa de hoy hacía Palas de Rei. Eran las 6:00 de la mañana cuando nos despertamos. Desayunamos con unas agradables chicas que también realizaban el Camino y se alojaban en el mismo albergue.

A las  7:15 de la mañana empezamos a caminar. Después de cierto tiempo caminando, yo ya no pude con las ampollas del día anterior, y tuvimos que pararnos para que alguno de mis compañeros y yo pudiéramos curarnos esas horribles y dolorosas heridas. Nuestros enfermeros particulares nos las curaron para poder seguir con esta etapa. Lentos tuvimos que ir algunos por el dolor que teníamos. Y serían aproximadamente las 11:00 cuando hicimos un descanso en un bar del camino con unas vistas estupendas. Según decía alguno, olía a mar por que estábamos llegando a la costa. Después de esta parada de 30 minutos, volvimos a caminar, y el grupo de 10 se dividió en 3 pequeños grupos: los  primeros y más rápidos, los segundos que estaban algo cansados pero que iban cantando canciones religiosas; y, por último, los terceros, que acompañaban al que no podía más y tenía muchas ampollas.

Por fin, y después de que los 8 kilómetros que nos quedaban se nos hicieran eternos, llegamos los del últimos grupo, aunque yo incluso pensé que no alcanzaríamos la meta, pues había perdido todas las esperanzas. Llegamos a un pueblo que era donde acababa nuestra etapa: Palas de Rei. Nos duchamos y fuimos a comer a las 16:30 de la tarde. Tras una larga siesta, ya que el cansancio podía con todos, cenamos unos bocadillos que prepararon los chefs del grupo. Por último, pusimos todo nuestro día, el compañerismo,la reflexión…  en manos de Dios y de su Madre, para que nos guíe y acompañen en los malos momentos.

 

_Nuestro_ camino de Santiago

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